Una prueba más de lo profundamente vinculada que está a nuestra realidad la ciencia ficción (que está lejos de ser la literatura de evasión o escapista de la que hablaban algunos artículos en décadas pasadas) puede encontrarse en la lectura de la columna del escritor Alonso Cueto en el diario Peru21. En “El Gran (y difundido) Hermano”, Cueto reflexiona sobre las inequívocas correlaciones entre la pesadillesca situación descrita en la distópica novela ”1984” de George Orwell (cuyo verdadero nombre era Eric Arthur Blair) y la actual realidad peruana:
Hoy, sin embargo, en un universo más caótico del que (Orwell) imaginó, su predicción de algún modo se ha cumplido en el Perú. El ojo del gran hermano que vigila a los ciudadanos puede comprarse o alquilarse en el mercado.
Sin embargo, Cueto acaba siendo más optimista que el autor de Animal farm. En nuestro caso, el ojo del Gran Hermano parece volverse contra él:
Orwell no imaginó que los ciudadanos no serían solo víctimas, sino también autores de un ojo vigilante. En estas semanas no han sido los miembros del gobierno quienes vigilaban a los ciudadanos, sino al revés: nosotros nos hemos enterado de las corruptelas del poder.
Por cierto, cabe preguntarse si “Gran Hermano” sería la traducción correcta para “Big Brother”. ¿No sería más adecuado (y más siniestro) “Hermano Mayor”? Ésta acepción introduciría un elemento de supuesta familiaridad y falsa tutela hacia nosotros, los “hermanos menores”. Como sea, la obra de Orwell sigue produciendo escalofríos aún ahora, lejos de 1948, año de su publicación, pero no tanto de 1984.

Un libro espectacular de un autor visionario. Todo lo que dijo Orwell se esta aplicando dia a dia a todas las sociedades. Eso si, como lei una vez en un diario, el basaba el libro en el comunismo de rusia. Ahora vemos q es al revez, el capitalismo esta generando estas sociedades super autoritarias. Yo vivo en Campana, Buenos aires (Argentina) y hay una ley aprobada para instalar camaras de vigilancia en distintos puntos de la ciudad….
En Perú ya se utilizan desde hace tiempo cámaras en lugares públicos. Y los ciudadanos, a decir verdad, están más que contentos, pues no se puede negar que constituyen un elemento disuasivo para los criminales. Sin embargo, no deja de ser una situación distópica que, para nuestra seguridad, debamos perder nuestra privacidad, que la única manera de comportarnos civilizadamente se base en el temor a ser filmados. Claro, el Big Brother no esperaba que también lo observásemos a él, pero lo mejor sería que no fuera necesaria tanta observación.